“Queremos restaurar los pulmones de la tierra”: Poniendo a las mujeres al frente de la restauración ecológica


Nosotras, las feministas campesinas, queremos restaurar los pulmones de la tierra.

La pandemia del COVID-19 no solo nos está demostrando la fragilidad de nuestros sistemas alimentarios y agrícolas sino que también está poniendo en evidencia cuántas fincas se han convertido en monocultivos industriales de aceite de palma y caña de azúcar y cuántas se han enfocado en la producción de cultivos comerciales como el café y el cacao—prácticas que han degradado el suelo y destruido los bosques nativos. Como resultado, las comunidades locales, que históricamente habían sido autosuficientes, han perdido la capacidad de alimentarse por sí mismas y sufren escasez de suministros. Muchas comunidades locales, mujeres y grupos de base enfrentan desafíos que nos llevan a repensar la resiliencia, la seguridad alimentaria y los asuntos relacionados con el uso y el consumo del agua.

Es ahora que debemos repensar nuestros sistemas con un enfoque holístico para comenzar a promover políticas y prácticas que conduzcan a la estabilidad ecológica del planeta, cultivar una biodiversidad abundante en nuestros bosques y granjas y así fortalecer nuestra salud a través de nuestros alimentos. La forestería análoga es precisamente este tipo de enfoque.

La forestería análoga es una forma de restaurar los sistemas ecológicos imitando los bosques naturales al mismo tiempo que son enriquecidos con especies que nos son útil como árboles frutales y de nueces, café, té, cacao, aguacate y plantas medicinales. Esta técnica restaura el equilibrio hídrico,  genera ingresos para la comunidad y es un arma contundente contra el cambio climático, ya que previene la deforestación, restaura los suelos y aumenta la biodiversidad. Esto es esencial para obtener ecosistemas saludables, resilientes y naturalmente resistentes a las plagas, sequías y otras amenazas relacionadas con el cambio climático. Los bosques rescatados y restaurados se vuelven purificadores de aire y grandes fuentes de absorción de carbono.

La forestería análoga es también una poderosa herramienta contra la desigualdad de género y es, por lo tanto, parte de la lucha feminista. En el sistema de producción agrario convencional de Nicaragua, las mujeres somos consideradas sencillamente mano de obra, un objeto para ser utilizado. En cambio, la forestería análoga nos da la oportunidad de involucrarnos además en la producción de alimentos saludables y así apropiarnos de nuestra alimentación y salud. Nos da más autonomía.

Cabe destacar que la forestería análoga es más que una técnica. Cuando se aplica con una perspectiva de género, puede ser parte de la perdurable lucha feminista por los derechos a la tierra y los bienes comunes. La tierra es un bien común que nos da poder y  es necesaria para poder vivir con dignidad. Así pues, debemos luchar por nuestros títulos de propiedad y por el acceso a y el control de la tierra.

El hecho de que ahora administro la tierra me hace sentir que se ha roto un sistema de desigualdad de siglos. Ahora puedo cultivar mi propia comida—no de la manera colonial, que se basa en la explotación y degradación de la tierra, sino de una manera espiritual y ecológica. Puedo restaurar la conexión histórica que las mujeres indígenas tenemos con la tierra; su salud también es la mía. De hecho, nos estamos rebelando contra un sistema materialista de explotación al construir con nuestras propias manos un sistema basado en el respeto y la armonía.

Han pasado dos años desde la capacitación en forestería análoga y ya puedo cosechar café, bananos, calala, girasoles, diferentes especias y verduras, y el año que viene también voy a tener aguacate. Quiero ser un ejemplo para otras mujeres y otras familias, mostrarles que es posible producir de una manera más sostenible. Quiero usar mi bosque como un sitio de demostración, un lugar donde podamos aprender e intercambiar experiencias. Quiero motivar a otras mujeres, compartir mis conocimientos, promover la seguridad y soberanía alimentaria, el uso de plantas medicinales y restaurar las fuentes de agua. Espero que otras familias de mis comunidades se unan a mí y comiencen su propio bosque análogo.

A las mujeres a menudo se nos niega el derecho a la soberanía alimentaria, al agua y a un ambiente limpio y seguro. Al poner a las mujeres al frente de la restauración ecológica, se nos restaura estos derechos. Las mujeres dan vida, al igual que la Madre Tierra. Si la tierra está sana, entonces nosotras también estamos sanas espiritual, física y mentalmente. Ella nos da poder para que seamos como los árboles fuertes que se ven desde el aire en nuestras parcelas.

 

Luz Marina Valle es una campesina feminista que se preparó como ingeniera en gestión agrícola y de cooperativas. Es miembro de la Fundación Entre Mujeres (FEM) y promotora local de forestería análoga en su comunidad de El Jocote, en el norte de Nicaragua. Para más información sobre la Red Internacional de Forestería Análoga, puedes ir acá.

Escucha directamente de otros promotoras de forestería análoga en Ecuador, Ana María AndradeEnma Revilla.

 

Imagen destacada diseñada por Naandeyeah y foto cortesía de Luz Marina Valle.


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