Las mujeres de Java Central exigen un alto a la contaminación de lodo provocada por prospección geotérmica


En noviembre de 2016, las comunidades que vivían al pie de un volcán en la Provincia de Java Central, Indonesia, se sorprendieron al descubrir que el agua de su río principal estaba saturada de lodo. Para las aldeas próximas al Monte Slamet, el río Prukut es la fuente primaria de agua y sustento; sus manantiales y arroyos permiten que las comunidades obtengan ingresos a partir de la cría de peces y gusanos de seda, la agricultura y la producción de tofu.

No fue hasta que investigaron e interrogaron a las autoridades comunales de la aldea que la comunidad llegó a conocer la causa de la contaminación del agua: La suciedad era producto del lodo y los escombros de un terreno boscoso que había sido despejado para construir una central geotérmica en la ladera sur del Monte Slamet. Los pobladores descubrieron que una empresa llamada PT Sejahtera Alam Energy (PT. SAE), una subsidiaria de uno de los generadores de electricidad más grandes de Alemania, había estado talando árboles y haciendo perforaciones en el suelo para un sondeo geotérmico,  sin consultar ni contar con la participación o el consentimiento previo de las comunidades locales.

Dado que el gobierno de Indonesia aspira a lograr un crecimiento económico del 6 al 7 por ciento a través del desarrollo de la infraestructura, especialmente eléctrica, la energía geotérmica se ha convertido en una opción atractiva con bajas emisiones de carbono y que ha sido promovida por el Banco Mundial, el Banco Asiático de Desarrollo y el Fondo Verde del Clima. Debido a su actividad volcánica, Indonesia posee el 40 por ciento de las reservas geotérmicas totales del mundo, por lo que el gobierno ha hecho de la energía geotérmica una parte clave de su plan para obtener el 23 por ciento de su energía de fuentes renovables para el 2025. Para alcanzar su objetivo, el gobierno cuenta con una hoja de ruta de políticas y legislación que permiten a inversionistas y corporaciones explorar áreas forestales protegidas.

Inicialmente, PT. SAE había dicho en un comunicado que su proyecto traería prosperidad a las personas de las zonas aledañas. Sin embargo, tres años después, la construcción de infraestructura geotérmica y las actividades de prospección han reducido los ingresos y destruido los medios de vida de la población. Las aguas fangosas han matado a los peces y los gusanos de seda de los que dependían las comunidades y han hecho imposible que las mujeres produzcan tofu para vender. Así mismo, muchas personas se han visto obligadas a aceptar trabajos que pagan menos y a pedir préstamos de usureros.

La contaminación del río también incrementó la carga doméstica de las mujeres. Al tener que buscar fuentes alternativas de agua, se vieron obligadas a ir a manantiales más distantes, recolectar agua de lluvia y comprar costosas jarras para agua—si se las podían costear. Ir en búsqueda de agua significaba caminar hasta treinta minutos, hacer fila durante horas, regresar a casa y repetir el viaje varias veces mientras acarreaban los galones de agua por senderos de tierra empinados, rocosos y húmedos. Peor aún, las mujeres hacían todo lo anterior y adicionalmente el quehacer doméstico y otras actividades para ganar dinero.

Las mujeres acarreaban los galones de agua por senderos de tierra empinados, rocosos y húmedos. Foto: Aksi!

A consecuencia de esta situación, muchas se unieron a las manifestaciones para pedir la terminación del proyecto geotérmico, solicitar una compensación por sus pérdidas y exigir que PT. SAE y el gobierno proporcionaran suficiente agua limpia. La respuesta del gobierno local fue suministrar tanques de agua, pero resultaron ser insuficientes. Esto significó que las mujeres continuaron luchando por el agua y haciendo largas esperas para que se llenaran los tanques, corriendo el riesgo muchas veces de regresar a casa con las manos vacías. El proceso de compensación tampoco fue transparente y no todos los residentes recibieron o estaban al tanto de la compensación.

Antes de que PT. SAE comenzara sus sondeos, la zona donde se encuentra el Monte Slamet ya enfrentaba problemas de degradación ambiental debido a la conversión de tierras y la deforestación. Los datos del departamento local de medio ambiente y silvicultura muestran que alrededor de 1,321 manantiales ya se habían perdido entre 2001 y 2011 y varios grupos locales dicen que la central geotérmica empeoraría esta situación y provocaría deslizamientos de tierra e inundaciones graves.

Hasta el día de hoy, las mujeres y sus comunidades siguen exigiendo que la empresa rehabilite los manantiales y ríos y que ponga un alto a la extracción de energía geotérmica y a la tala del bosque en el Monte Slamet. De igual manera exhortan al gobierno local y al nacional a que apliquen la ley contra aquellos que perjudican el medio ambiente, que sean transparentes con la información, que consulten a las comunidades sobre los proyectos que llegan a sus zonas y que examinen con cautela la autorización de permisos para proyectos, tomando en cuenta el impacto ambiental y socioeconómico que estos tendrían en las comunidades que viven en las zonas impactadas.

Aksi! por la justicia de género, social y ecológica, uno de los aliados de GAGGA, recopiló los testimonios de más de 50 mujeres sobre el impacto negativo en sus vidas de los proyectos geotérmicos, hidroeléctricos y de parques eólicos en Indonesia. El estudio se hizo a través del Programa de Investigación de Acción Participativa Feminista sobre Mujeres y Energía, que se llevó a cabo de febrero a septiembre de 2020. Puedes leer sus historias aquí.

 

Ilustración por @Vidushiy.


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