La lucha por el agua y el saneamiento en una pandemia


Una de las medidas de salud recomendadas para detener la propagación del COVID-19 es lavarse las manos con agua y jabón, pero ¿qué sucede cuando no hay agua disponible para las personas que son más vulnerables a la enfermedad? En muchas comunidades en África, las respuestas a esta pregunta se han vuelto aún más importantes en el contexto de la pandemia ya que continúan luchando por el acceso al agua y al saneamiento, además de lidiar con otros impactos negativos en sus vidas a raíz de los brotes de COVID-19.

El distrito de Chitungwiza, en el que habitan más de un millón de personas, es la segunda ciudad más grande de Zimbabue después de Harare, la capital. Durante más de dos décadas, los hogares de Chitungwiza no han tenido acceso a agua potable ni a servicios de saneamiento adecuados. Las personas en roles femeninos*, tanto adultas como menores, pasan largas horas haciendo fila en pozos abarrotados para obtener agua que por lo general no es potable. Esta situación ha agravado aún más la propagación del COVID-19 y ha complicado la situación sanitaria de la población de Chitungwiza.

Clara Makwara, líder de Sobrevivientes en Acción—Red de Mujeres de Base en Zimbabue, señala que la propagación de COVID-19 junto con el acceso limitado al agua ha ampliado las desigualdades de género, particularmente en las comunidades rurales de Zimbabue: “El brote de COVID-19 en Chitungwiza ha resultado ser un desafío con sesgo de género. Las mujeres especialmente corren el riesgo de infectarse por el COVID-19,  porque hacen fila para obtener agua, cumplen con sus funciones tradicionales de cuidado primario y secundario sin indumentaria protectora, hacen fila para comprar alimentos básicos durante el confinamiento, [y] no tienen máscaras ni dinero para comprar jabón para lavarse las manos, medicamentos, artículos sanitarios o desinfectantes”.

La severa escasez de agua en Chitungwiza coloca a estas personas en una posición de desventaja y en mayor riesgo de contraer COVID-19, porque, en muchos hogares, son las principales proveedoras de agua y las principales cuidadoras de las personas enfermas en la familia. Asimismo, muchas personas en roles femeninos en otras comunidades pobres de África, rurales y urbanas, siguen sufriendo los efectos negativos de la intersección de la escasez agua, los problemas de saneamiento y la pandemia de COVID-19. Por ejemplo, muchas han perdido sus medios de subsistencia debido al confinamiento, se han visto obligades a vivir en condiciones de hacinamiento y a tener una mala dieta debido a la pobreza, y tienen más probabilidades de morir como resultado de servicios sociales y de salud deficientes.

Al igual que en Chitungwiza, millones de personas en roles femeninos en África no pueden ejercer su derecho al agua y al saneamiento, que es esencial para su supervivencia, dignidad y especialmente para desarrollar resiliencia ante el cambio climático. La pandemia continúa exponiendo las debilidades de los servicios y sistemas sociales en el continente, lo que hace que una situación que ya era grave y peligrosa sea aún más urgente.

La pandemia de COVID-19 revela que se necesita hacer más para garantizar plenamente el acceso al agua y el saneamiento en muchas comunidades de África, no sólo porque es un derecho humano sino también porque es una manera fundamental de protegerse de un virus que puede ser mortal. Durante muchas décadas, las políticas neoliberales han tenido un impacto negativo en los sistemas de salud en todo el continente. Esto dificulta que las personas en roles femeninos accedan a la atención médica que necesitan, lo que aumenta su riesgo de enfermedad o incluso de muerte.

Respuestas inmediatas al COVID-19, tales como fortalecer la seguridad del agua, ayudarían a los países a evitar algunos de los costos económicos y humanos asociados con las pandemias. No proporcionar acceso a servicios de agua potable y saneamiento a quienes más lo necesitan socavaría gravemente los esfuerzos de los gobiernos africanos para abordar el impacto del COVID-19. Es fundamental que los gobiernos de África lideren y garanticen el acceso a servicios esenciales, incluidos el agua y el saneamiento.

El Fondo de Acción Urgente-África trabaja con activistas feministas y defensoras de los derechos humanos africanas para amplificar la voz de las personas en roles femeninos que exigen sus derechos a las necesidades básicas. El Fondo les apoya en su labor de exigir responsabilidades, transparencia y liderazgo transformador, de manera que que se den cambios estructurales que permitan a las personas en roles femeninos prosperar en todas las esferas.

 

* En el artículo original en inglés, la palabra women fue reescrita como womn (traducida aquí como “personas en roles femeninos”). El cambio en la grafía es un acto político que desafía nociones tradicionales sobre qué significa ser mujer y quiénes pertenecen a ese rubro, además de destacar los vínculos de las personas que son socializadas como mujeres a un sistema patriarcal en el que se les subordina al género masculino. En este contexto, la palabra womn recoge las experiencias de personas de todas las orientaciones sexuales y todas las identidades de género de las que se espera un comportamiento acorde a las expectativas binarias de género asociadas con la categoría “mujer”.

 

El Fondo de Acción Urgente-África es parte de la red GAGGA. Puedes aprender más sobre su trabajo aquí.


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